Museo Nacional del Prado.
Edificio Villanueva
Paseo del Prado
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Se puede ver la exposición hasta el día 24 de mayo
Tras mostrar la decisiva aportación de las mujeres de las casas reales europeas de los siglos XVI y XVII, el Museo Nacional del Prado propone, con la colaboración del Instituto de las Mujeres y el apoyo de Iryo, un nuevo acercamiento a su colección con la tercera edición del itinerario “El Prado en femenino”. En esta ocasión, la propuesta se traslada al siglo XVIII para descubrir el legado de la promotora artística que más significativamente contribuyó al engrandecimiento de la antigua Colección Real y, en consecuencia, del actual Museo: la reina Isabel de Farnesio (1692-1766).
Su legado -del que proceden cerca de quinientas obras conservadas hoy en el Museo y expuestas en la mitad de sus salas- no solo hizo posible la llegada de creaciones tan emblemáticas como el Apostolado de Rubens, San Sebastián de Guido Reni, La Virgen, el Niño y san Juan de Correggio, la Sibila de Velázquez o el Sueño de Jacob de José de Ribera; también propició la formación del más sobresaliente conjunto de escultura clásica que custodia el Museo del Prado, con el Grupo de San Ildefonso o El fauno del cabrito, entre otras, y abrió las puertas al ingreso de las obras de Murillo en la Colección Real, cuyo boceto de la obra Santa Ana dando una lección a la Virgen se exhibe por primera vez en el Prado tras su reciente identificación en el Museo de Pau (Francia) durante una operación de inventario.
Desde su llegada a España en 1714, con motivo de su matrimonio con Felipe V, y hasta su muerte en 1766, y profundamente influenciada por su linaje familiar, Isabel de Farnesio ejerció durante más de medio siglo un patronazgo activo y sostenido, utilizando sus propios recursos a través del conocido como bolsillo de la reina, lo que le permitió gozar de una destacada autonomía en sus elecciones artísticas. A través de una nutrida red de artífices, nobles y diplomáticos que actuaban como agentes y mediadores, reunió cerca de un millar de pinturas que reflejan su marcada predilección por las escuelas flamenca e italiana, así como por la producción de Murillo, su artista favorito junto a Teniers y Brueghel el Viejo. Su promoción artística se extendió también al ámbito de la escultura, con la adquisición de una parte significativa de la colección de la reina Cristina de Suecia. Guiada por una mirada cultivada y un criterio propio, su mecenazgo dejó una impronta decisiva en la configuración de las colecciones reales.
El Museo conserva cerca de 500 obras procedentes de la colección de Isabel de Farnesio —entre pinturas, dibujos y esculturas—, más de un centenar de las cuales se exhiben en su colección permanente. Su presencia es tal que prácticamente la mitad de las salas del Prado muestran obras que fueron propiedad de la reina y que hoy constituyen un núcleo esencial de sus colecciones. Basta recorrer el Museo para reconocer la flor de lis, marca que distinguía sus obras de las pertenecientes al rey Felipe V, presente en algunas de las piezas más emblemáticas de la institución.
En este amplio conjunto pictórico, destaca de manera singular su predilección por la obra de Bartolomé Esteban Murillo, cuya incorporación a la Colección Real se debió íntegramente al decidido impulso de la reina. De ahí que las pinturas que pertenecieron a Isabel de Farnesio conformen hoy el núcleo más numeroso y significativo del artista sevillano conservado en el Museo del Prado.
A esa extraordinaria colección pictórica se suma su decisiva actuación en el ámbito de la escultura clásica. De hecho, una de las iniciativas más relevantes de su mecenazgo fue la adquisición de uno de los conjuntos de escultura antigua más codiciados del momento: el reunido décadas antes por la reina Cristina de Suecia. Esta operación define con elocuencia su modelo de patronazgo. Aunque se trató de un proyecto compartido con Felipe V, fue Isabel quien tomó la decisión, impulsó la compra, seleccionó personalmente las piezas y reservó para sí las más valiosas, como el Grupo de San Ildefonso, el Diadúmeno, El fauno del cabrito o el Sátiro en reposo. Como en el caso de la pintura, más allá de su envergadura numérica, lo que distingue esta colección es la calidad excepcional de sus obras, calidad que explica el destacado lugar que ocupa en la colección permanente del Museo.
Aunque concebidas inicialmente para el Palacio de La Granja de San Ildefonso, una cuidada selección de estas piezas llegó al Museo del Prado en 1829, año en que la institución pasó a llamarse Real Museo de Pintura y Escultura. Gracias al patronazgo de dos mujeres excepcionales —Cristina de Suecia e Isabel de Farnesio—, estas obras conforman hoy el conjunto más valioso de escultura clásica del Museo del Prado.
La reina Isabel de Farnesio. Jean Ranc, 1723
La reina Bárbara de Braganza Domenico Duprà 1725
La reina María Amalia de Sajonia Louis Silvestre 1738
La reina Isabel de Farnesio(1). Louis-Michel van Loo, 1739
La familia de Felipe V. Jean Ranc hacia 1723
La Familia de Felipe V(1). Louis-Michel van Loo, 1743
Los niños de la concha. Bartolomer Esteban Murillo hacia 1760
El buen pastor. Bartolomer Esteban Murillo, hacia 1660
San Juan Bautista niño. Bartolomer Esteban Murillo, hacia 1760
La Anunciación. Bartolomer Esteban Murillo, hacia 1650
Santa Ana enseñando a leer a la Virgen. Bartolomer Esteban Murillo, hacia 1655
Ecce Homo. Bartolomer Esteban Murillo, 1660-1670
La Dolorosa. Bartolomer Esteban Murillo, 1660-1670
La vocación de san Mateo. Juan de Pareja, 1661
Sibila. Diego Rodriguez de Silva y Velázquez. Hacia 1632
Meleagro y Atalanta. Jacques Jordaens, 1620-1623
San Pablo. Pedro Pablo Rubens, 1610-1612
Sagrada Familia con santa Catalina. Bartolomeo Cavarozzi, 1617-1619
Santa Rosalía. Luca Jiordano. Hacia 1697
Moisés salvado de las aguas. Jacopo Robusti Tintoretto. Hacia 1555
La cocina. David Teniers el Joven, 1643
Florero. Jan Brueghel el Viejo. Primer cuarto del siglo XVII
El Sitio de Gravelinas. Peter Snayers, 1632
Santa Bárbara. Parmiginiano. Girolamop Francesco Maria Mazzola, hacia 1522
Paisaje nevado con patinadores y trampa para pájaros. Pieter Brueghel el Jovben, hacia 1601
El triunfo de la Muerte. Pieter Bruegel el Viejo. 1562-1563
El fauno del cabrito. Taller romano, 130-150
Orestes y Pílades o Grupo de San Ildefonso.Escuela de Pasiteles. Hacia 10 a.C.
Fuente del texto y fotos: Museo Nacional del Prado



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