domingo, 12 de abril de 2026

Convento de las Comendadoras de Santiago

Plaza de las Comendadoras, 10 
🚇 San Bernardo - Noviciado 

Hasta el 3 de mayo de martes a viernes: 10:30 a 14:00 h | 15:00 a 18:00 Sábados: 12:30 a 18:00

El monasterio abre sus puertas al público para ofrecer un recorrido cultural por sus estancias más representativas. Durante la visita podrá contemplar la Iglesia, Coro Bajo, Capilla de las Niñas, Sacristía de los Caballeros y Sala Capitular, espacios que aguardan en sus interior artísticas decoraciones que relatan la historia de este singular monasterio.

El Real Monasterio de las Comendadoras de Santiago el Mayor de Madrid tiene su origen en el año 1584, cuando Don Íñigo de Zapata y Cárdenas y su mujer doña Isabel de Avellaneda dispusieron que todos sus bienes se destinaran a la fundación en Madrid de un convento regido bajo las reglas y jurisdicciones de la Orden de Santiago. Una vez adquiridos los terrenos, las religiosas se asentaron provisionalmente en los antiguos caserones que conformaban la manzana donde hoy se levanta el monasterio debido a la escasez de recursos económicos.

El convento fue fundado en 1650, siendo el primer convento construido en la capital y el único que se conserva íntegramente. La convocatoria para la construcción de la iglesia no se realizó hasta el año 1667. Posteriormente, en 1745, el Real Consejo de las Órdenes aprobó el proyecto de Francisco de Moradillo para la construcción de la Sacristía de los Caballeros.

El resto del convento fue construido en 1777 por el reconocido arquitecto Sabatini, que logró aportar una unidad compositiva notable a pesar de la singularidad de las intervenciones previas. En el siglo XIX, con la desamortización de Mendizábal de 1836, el convento pierde parte de sus bienes y su influencia disminuye, aunque sigue funcionando como comunidad religiosa. Después, durante la Guerra Civil española (1936-1939), el convento sufre graves daños y saqueos.








La Orden de Santiago fue fundada en el siglo XII (hacia 1170) en el Reino de León, con el objetivo de defender a los cristianos durante la Reconquista y proteger a los peregrinos que se dirigían a Santiago de Compostela. Su nombre y símbolo (la cruz en forma de espada) están dedicados al Apóstol Santiago, patrón de España y figura clave en la mitología guerrera medieval. Inicialmente, la orden tenía un carácter militar y religioso, combinando la lucha contra los musulmanes con una vida espiritual. En 1175, el papa Alejandro III la reconoció oficialmente como una orden militar-religiosa. A diferencia de otras órdenes, los caballeros de Santiago podían casarse, lo que les otorgaba una peculiaridad frente a los templarios o los hospitalarios.

En 1584, el rey Felipe II promovió la fundación del Convento de las Comendadoras de Santiago en Madrid, destinado a albergar a las mujeres de la nobleza que ingresaban en la orden como Comendadoras. Estas damas no eran guerreras, sino religiosas que seguían la regla de San Agustín y se encargaban de la vida monástica, la oración y la gestión de bienes de la orden.
El convento se convirtió en el centro femenino de la Orden de Santiago y tuvo una gran influencia en la vida política y religiosa de la corte madrileña. Su iglesia y dependencias reflejan la importancia de la orden y la conexión con la monarquía. En el siglo XIX, con la desamortización de Mendizábal, la orden perdió gran parte de su patrimonio, aunque el convento se mantuvo activo y sigue siendo un testimonio de la historia de la Orden de Santiago.

 El coro bajo de la iglesia del Convento de las Comendadoras de Santiago en Madrid es un espacio de gran interés histórico y artístico. Situado frente al altar mayor, se trata de un amplio recinto rectangular reservado para las monjas, separado del resto de la iglesia por una elegante reja adornada con soportes de cerámica y cristaleras. Una de las piezas más destacadas del coro bajo es un espectacular órgano rococó de madera, que convive con otros instrumentos más modernos y de menor tamaño. Además, en este espacio se encuentra una escultura de Santiago Apóstol, representado con el hábito de las comendadoras, ubicada en una posición elevada detrás de la silla de la comendadora mayor del convento. Esta silla, destinada a la máxima autoridad de la comunidad religiosa, es otro de los elementos significativos del coro bajo. Es importante destacar que, a lo largo de los siglos XVIII y XIX, el coro bajo ha experimentado diversas modificaciones que han enriquecido su estructura y decoración, reflejando la evolución histórica y artística del convento.










   

Capilla de las Niñas 
Este espacio fue concebido como un lugar de especial significación a juzgar por su repertorio decorativo. Al fondo se sitúa un altar moderno, que está coronado por un gran lienzo con una copia de la Inmaculada de Murillo. Este lienzo aparece flanqueado por sendas esculturas de Santa Ana y el Padre Eterno. Los zócalos aparecen pintados, fingiendo mármoles con molduras, como ocurre en otras partes del convento construidas bajo la dirección de Moradillo. La decoración del techo es de lo más sobresaliente de esta pieza, en la que se puede apreciar el escudo de armas utilizado por los primeros Borbones españoles (Felipe V, Luis I y Fernando VI). Motivo heráldico que señala la preeminencia de la monarquía borbónica en la institución santiaguista, además de su protección y omnipresencia en el programa constructivo del convento. Como detalle curioso y de gran carga emotiva de la estancia, se conserva una pintura con el retrato de la fundadora del Convento.









Sacristía los Caballeros 
Esta bella sacristía fue encargada por el rey Fernando VI y realizada por Francisco Moradillo entre los años 1746 y 1753. El arquitecto resolvió en planta la distribución de las dependencias contiguas a la Iglesia, adecuándolas a las necesidades de la liturgia propia de la Orden de Santiago y creando los deambulatorios requeridos por el ceremonial. Esta imponente sala de planta elíptica sorprende al visitante, ya que su grandeza contrasta con la sencillez de la puerta de acceso. En esta estancia, los futuros caballeros pasaban la noche en vela antes de su investidura. Todo en el espacio luce impecable, fruto de una cuidadosa restauración que ha permitido recuperar detalles como la decoración policromada de las paredes, en tonos verde azulado, amarillo siena y rojo carmín, representativos de la Orden. Entre los elementos más llamativos se encuentran esculturas de monarcas de las casas de Austria y Borbón; una imagen en madera del Apóstol Santiago, integrada en el llamado Transparente; así como pinturas al óleo de la escuela flamenca realizadas sobre cobre. En el centro de la sala, destaca una imponente mesa que refuerza la solemnidad del lugar. 
















 

La Iglesia del Real Monasterio fue diseñada por los arquitectos Manuel y José del Olmo, quienes resultaron elegidos en el concurso de 1667. Ellos diseñaron una singular iglesia con planta de cruz griega, siendo uno de los escasos ejemplos de planta central en Madrid. Destaca también la intervención en el siglo XVIII del arquitecto Francisco Sabatini, primer arquitecto de Carlos III. El director de la obra fue Francisco de Moradillo, persona de confianza de la comunidad santiaguista desde que dirigiera los trabajos en la sacristía de los Caballeros. Un elemento llamativo del interior es el suelo, que refleja y copia la cúpula del edificio gracias al mármol portor de color negro con detalles amarillos que enmarca todo el suelo, creando una sensación de infinidad. La arquitecta Emanuela Gambini se aseguró de replicar la cúpula y el tambor del techo, así como sus pilastras, creando un hermoso efecto visual en el suelo. El patrón de la iglesia es Santiago Apóstol, cuya imagen, antes en un lateral, ahora preside el templo. Una particularidad es que esta es la única imagen que existe del santo sentado en una silla gestatoria, similar a la del Papa, y su expresión es considerada más amable que la de la Catedral de Santiago de Compostela. Otro elemento único es el órgano, firmado por Fray José de Echevarría, un fraile franciscano que impulsó la tecnología del órgano barroco español.

El altar mayor de la iglesia se encuentra ubicado en el que originalmente era el brazo derecho de la planta de cruz griega. Esta modificación se realizó durante la restauración, convirtiendo este brazo en el altar mayor y situándolo justo enfrente del coro que ya estaba construido. Esta disposición es una de las particularidades de la iglesia, ya que el visitante no puede ver el altar hasta adentrarse unos metros en el edificio. En el altar, destaca el espectacular cuadro de Luca Giordano, con Santiago Apóstol a caballo. La pintura representa la aparición del Apóstol Santiago en la batalla de Clavijo en el año 859. Durante esta batalla y según la tradición, el santo ayudó milagrosamente al ejército del rey Ramiro I de Asturias, venciendo así al ejército de Abderramán II. La escena se estructura en dos planos, sobre un cielo luminoso. Gran cantidad de figuras en violentos escorzos se distribuyen en una composición organizada en diagonales, y los distintos puntos de luz dirigen la atención a la figura principal, que sobrecoge a quien la contempla.

















Fuente del texto: Monasterio Comendadoras

 

© Ángela

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