viernes, 27 de enero de 2012

Comercios centenarios

18 de enero de 2012

Se conservan en nuestras calles algunos comercios que han superado la centena, generalmente regidos por familias en las que ya trabaja la 4ª ó 5ª generación. Muchos de ellos han sabido adaptarse a los nuevos tiempos sin perder el cáracter decimonónico en sus establecimientos.

El Ayuntamiento instala una placa de bronce en la vía publica, según diseño de Antonio Mingote, en la que se recoge el nombre del establecimiento, el año en que abrió, y la siguiente mención: "El Ayuntamiento de Madrid agradecido por los servicios a la Ciudad".

Casa de Diego, en la Puerta del Sol, 12.
Manuel de Diego abrió las puertas de su tienda-taller de abanicos, paraguas, sombrillas, parasoles y bastones en 1800. Tras pasar por distintas ubicaciones, se traslada al número doce de la Puerta del Sol. D. Arturo Herandi de Diego, diseñó el abanico para la boda de doña Letizia Ortiz, princesa de Asturias (que no pudo lucir a causa de la lluvia, pero que está expuesto junto con el vestido en el Palacio de Aranjuez).                    

Filatelia Gálvez en la Puerta del Sol, 4.
El primer establecimiento filatélico de Madrid lo fundó Leopoldo López en la calle de la Cruz en 1868. El negocio de sellos pasa a la familia Gálvez en 1895, convirtiéndose en dueños de la posiblemente filatelia más antigua de España. Sus publicaciones de catálogos filatélicos como los Catálogos de España y Colonias o su primer Catálogo Universal son famosos.

Gil, Sucesor de Antolín Quevedo, en la Carrera de San Jerónimo, 2.
En el arranque de la Carrera de San Jerónimo, zona de paso y venta en los siglos XIX y XX y en nuestro actual XXl, se encuentra este local dedicado a la venta de telas desde sus orígenes, y evolucionando con el tiempo a otros productos como abanicos, mantones de Manila, mantones españoles, mantillas artesanas, trajes de sevillanas, monteras, etc. El comercio, de tradición familiar, se conserva como el primer día salvo arreglos de suelo y escaparate.

Lhardy en la Carrera de San Jerónimo, 8.
Creada en 1832 como pastelería de productos típicos suizos, por Eugenio Huguenin, es en 1839 cuando se amplía su uso a restaurante. Es el primer comedor elegante de Madrid. En sus salones se reunían políticos e intelectuales, convirtiéndolo en el restaurante más veces citado en la literatura española. Actualmente, ir a Lhardy es como hacer un viaje al pasado, todo permanece inalterable al paso del tiempo.

Antigua Pastelería del Pozo en la Calle del Pozo, 8.
Fundada en 1830 por la familia Agudo, es una de las mejores, tradicionales y artesanas pastelerías de Madrid, donde se siguen realizando los hojaldres de forma artesanal, con planchas de hojaldre rellenas de crema o cabello de ángel.

Capas Seseña en la Calle de la Cruz, 23.
Esta casa, fundada en los albores del siglo XX, es uno de los baluartes de la moda clásica de España con clientes de la talla de la Casa Real Española, Hillary Clinton, Picasso, Buñuel, Rodolfo Valentino, Plácido Domingo, Hemingway, Gary Cooper, Catherine Deneuve, Federico Fellini y un largo etcétera. Santos Seseña Rojas, sastre de oficio, comienza a confeccionar en 1901 la capa española de modo artesanal, con los métodos tradicionales de corte y cosido a mano, en el local que aún hoy ocupa la cuarta generación de su familia.

Casa del Abuelo en la Calle de la Victoria, 12.
Esta tasca, fundada en 1906 por el toledano Tomás, debe su nombre al vino dulzón que vende, llamado “el abuelo”, procedente de Alicante. Comenzó bajo el nombre de “La Alicantina” y se dedicaba sobre todo a la venta de bocadillos de sobrasada y anchoas, rosquillas, vinos y licores. La mayoría de sus parroquianos procedían del mundo del toro ya que se encuentra en zona de venta y reventa de entradas para los toros de la plaza de las Ventas.

Farmacia Central de la Victoria.
Está ubicada en el número 6 de la calle Victoria desde mediados del siglo XIX, donde antes se levantaba el Convento y la Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria de los Mínimos de San Francisco de Paula.

Guantes Luque en la Calle de Espoz y Mina, 3.
La fábrica de guantes comienza con el nombre de Federico Gely en la Puerta del Sol, trasladándose a las calles Espoz y Mina y San Sebastián más tarde. En 1912 Juan Antonio Luque se queda con el negocio. Luque registra la marca de sus guantes en 1927, incluyendo un lema que habla del gran surtido en guantes de sport, corte inglés, especialidad en guantes de Suecia y antílope.

Flores Manolita en la Calle de Cádiz, 10.
Esta floristería, dedicada a la venta de la flor y plantas naturales, es el único comercio centenario que queda en la calle Cádiz. El valenciano Leonardo García Calatayud se instala aquí en 1882 con un negocio estable de flores, en un Madrid donde las floristas ambulantes se pasean con cesto en mano con nardos, claveles y violetas, como tantas veces nos han reflejado las zarzuelas.
Fue proveedor de la Casa Real, a cuyo palacio enviaba flores cada día hasta la República. Entre sus clientes populares destaca Antonio Machín, que era asiduo en la floristería.

Librería Nicolas Moya en la Calle de Carretas, 29.
Es la primera librería especializada en medicina de España y abre en 1862. Además de los libros mantiene una sección de revistas y un apartado de obras de veterinaria, botánica, química, física y biología. Más tarde amplió su fondo con libros para la navegación deportiva, navegación profesional y demás obras relacionadas con el tema náutico.

Guitarras Ramírez en la calle de La Paz, 8.
Guitarras Ramírez fue fundada, en 1882, por José Ramírez de Galarreta y Planell, gran maestro luthier madrileño. Iniciador de la llamada Escuela de Madrid de Constructores de Guitarra, en la que actualmente continúan sus descendientes, ya quinta generación. Ramírez de Galarreta y Planell empezó como aprendiz a los doce años y a los veinticuatro se instaló en el Rastro. El primer domicilio fijo se encontraba en el 2 de Concepción Jerónima, con taller y tienda. Fue uno de los maestros guitarreros más destacados de su tiempo e iniciador de la  llamada Escuela de Madrid de Constructores de Guitarra.

Librería Religiosa-Pontificia Hernández en la calle de la Paz, 4.
Creada en 1852, más de cuatro generaciones de la familia Hernández han pasado ya por la que probablemente sea la librería más antigua de Madrid. Especializada en materia religiosa, es reconocida por Pío XI como librería pontificia. Su edificio está incluido con el máximo nivel en todos los catálogos que se han hecho del patrimonio histórico y arquitectónico de la Villa de Madrid. Destaca tanto por el conjunto de su fachada como por los elementos decorativos de su espacio público interior, con especial referencia al zócalo de azulejos pintados y a las fornituras y muebles auxiliares.

Santarrufina en la calle de La Paz, 9.
En 1887, Pablo Arteaga y su socio el sacerdote Maximiliano se dedican a la venta de artículos religiosos en una tienda a la que llaman Casa Arteaga. En 1924 Pablo fallece y pasa a denominarse Casa Clero. Con la Guerra Civil se cierra, por razones obvias, convirtiéndose en centro de propaganda del PCE. Maximiliano fue fusilado en el transcurso de la contienda y al finalizar ésta, sus antiguos empleados José Santarrufina y Francisco Hera continuaron con la tienda, ya como Santarrufina. Actualmente es la familia Molina Salazar la propietaria de este emblemático negocio madrileño. Su fachada original se mantiene en perfecto estado, destacando el decorado de las vitrinas de la misma, realizado por Matías Melchor.

M. Guiseris en la calle Montera, 39.
En la calle Montera el grabador artístico Marcelino Guiseris establece su taller, con vivienda en el piso de arriba, el dieciséis de julio del año 1883. Famoso por sus trabajos para clubs y “sociedades sportivas”, contaba con un catálogo de diferentes velocípedos y realizaba chapas para bicicletas a dos pesetas en 1895.

Pasaje del Comercio o Pasaje Murga, nombre debido al promotor e inversor que compró los edificios, Mateo Murga. Pasaje comercial elegante que estaba ocupado  por un café y diferentes tiendas, y fue inaugurado en 1847. Une las calles de  Montera y Tres Cruces.

Entrada por la calle Montera

Pasaje de Matheu. En estos terrenos estaba el Convento de la Victoria y una vez que se expropia,  lo compra el inversor Manuel Matheu que decide construir viviendas que dedica a alquiler, así como un pasaje comercial cubierto que se inaugura en 1847. Se conserva el trazado del edificio pero no los arcos de entrada y la cubierta de hierro y cristal.
Fue conocido como Pasaje de la  Equidad,  Pasaje del Bazar de la Villa de Madrid, y popularmente como la Pequeña Francia, debido a que en el pasaje había dos cafes: el cafe de París y el cafe de Francia. Une las calles de Espoz y Mina y de la Victoria.
Plano original

De las varias casetas que había en el pasaje, todavía existe la de la venta de localidades para los toros.

lunes, 16 de enero de 2012

"Arquitecturas pintadas" en la Fundación Caja Madrid

11 de enero de 2012

Fundación Caja Madrid
Plaza San Martín, 1
Metro: Sol

Exposición del 18 de octubre de 2011 al 22 de enero de 2012 en  la Fundación Caja Madrid, y el Museo Thyssen-Bornemisza.

Arquitecturas pintadas fueron una de las opciones elegidas por muchos artistas para resaltar las escenas y los episodios representados en sus cuadros; grandes pintores tanto de la órbita mediterránea como del norte de Europa, desde el siglo XIV al XVIII: Duccio di Buoninsegna, Canaletto, Giovanni Paolo Panini, Tintoretto, Gaspar van Wittel, Hubert Robert, Maerten van Heemskerck o Hans Vredeman de Vries, entre otros.

Los aristócratas que hacían el Grand Tour motivados, entre otros aspectos, por el atractivo de las ruinas clásicas y los descubrimientos arqueológicos, siguieron unos itinerarios establecidos con ciudades de paso obligado como Venecia, Roma, Florencia y Nápoles. Una figura fundamental en la creación de la imagen de tres de estas ciudades fue Gaspar van Wittel, que con su trabajo marcó toda la trayectoria posterior y cuyo testigo tomaron artistas como Luca Carlevarijs, Canaletto, Michele Marieschi, Antonio Joli, Francesco Guardi o Bernardo Bellotto. Las vistas de la plaza de San Marcos y de sus alrededores, del Gran Canal o del puente de Rialto en Venecia; del puerto y otros parajes de Nápoles; de la ciudad eterna desde el Tíber, o de los lugares remodelados como San Pedro, la Piazza Navona o el puerto de Ripetta, se convirtieron en retratos y postales de gran éxito en el comercio y en el coleccionismo.

Una de las grandes pasiones que viajeros y eruditos compartieron durante el siglo XVIII fue la arqueología, alimentada por los hallazgos de Herculano y Pompeya o de Paestum. Este interés llevó a pintar lugares y templos como el de Neptuno en Paestum, de Antonio Joli, y a representar el mundo antiguo a través de las ruinas desde múltiples ópticas. Ruinas inventadas y trabajadas como decorados, atemporales y congeladas bajo una luz intensa y fría, como hace Marco Ricci, ruinas que sirven para el estudio, el pensamiento y la contemplación de la Antigüedad en Panini hasta llegar a la ruina como proyecto de futuro, aspecto latente en la producción de Hubert Robert, artista que extrae de las piedras sus aspectos más sublimes.

La pintura de arquitecturas, donde la ciudad es el tema, se usó también para dejar constancia de los hechos que en ella transcurrían. En este sentido, las fiestas, entre la propaganda y la memoria histórica, quedan en estas superficies de testigos de los acontecimientos vividos en Roma, celebrados en la plaza de España o en San Pedro del Vaticano, o en Venecia, en el Gran Canal y la dársena, donde transcurrían regatas o la fiesta del Bucentauro.

Fundación Caja Madrid  (Casa de las Alhajas)

Vista de la calle de Alcalá en Madrid, 1754. Antonio Joli

Capricho romano con el Coliseo, 1746. Bernardo Bellotto

Capricho arquitectónico con puente y arco triunfal, 1768. Hubert Robert

Antichità romane, Roma, Estamperia di Angelo Rotilj nel Palazzo de Massimi 1756. Giovanni Battista Piranesi

Vista del muelle, la Piazza y el Palacio Ducal de Venecia, 1697. Gaspar van Wittel.                     

Piazza Navona Roma, 1699. Gaspar van Witell

Santa María d´Aracoeli y el Capitolio en Roma, 1743. Bernardo Bellotto.


Vista del Palatino, arco de Constantino y Coliseo desde las laderas de Celio, 1740. Jan Frans Bloemen.

El Bucintoro en Venecia. Canaletto

Plano de situación de la Fundación Caja Madrid en la plaza de San Martín




Fuente del texto: Web del museo Thyssen-Bornemisza

© Ángela

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